Saltar al contenido.

Sólo crearse

Cuenta Clay Shirky en su libro “Here comes everybody” la historia del santuario Ise, un templo japonés de madera que los monjes destruyen y vuelven a reconstruir cada 20 años usando siempre troncos del mismo bosque.

El proceso viene repitiéndose desde hace 1.300 años. Ya lo han reconstruido 62 veces. La última, este año.

Los japoneses consideran al templo Ise un edificio milenario. Pese a todo, la UNESCO nunca ha querido otorgarle el estatus de patrimonio de la humanidad. Cualquier iglesia en ruinas puede ser declarada como tal mientras que un templo en uso que se renueva cada dos décadas no tiene la suficiente categoría para ello. El criterio que aplica la UNESCO tiene en cuenta la solidez, nunca el proceso.

El templo Ise no encaja en su ideal.

Leer Más

Lazos débiles, pero innovadores

En 1973, el sociólogo Mark Granovetter publicó su teoría sobre “la fuerza de los vínculos débiles”, que sigue vigente en nuestro tiempo y suele usarse para explicar el potencial innovador de las redes sociales. La idea de Granovetter es que, contrariamente a lo que se tiende a pensar, las relaciones entre sujetos con vínculos débiles generan más innovación que aquellas que mantienen individuos con una relación más constante y afín. Vamos, que (dicho a lo bruto y quedándonos en el mundo 1.0) un cafelito esporádico con ese friki del departamento de al lado puede dar pie a mejores ideas que la mayoría de las reuniones que puedas tener con los miembros de tu equipo más cercano. Si la premisa os interesa y creéis merecer una explicación más seria que la del cafelito y el friki (que sí), os invito a leer el post con el que colaboro este mes en el blog de Zyncro. Espero que os guste.

Foto, bajo licencia Creative Commons: Jin_sama.

Marca personal e interdependencia

Escribo este post a raíz de dos estupendos artículos que he leído hace poco en el blog del especialista en management, marketing e innovación Tom Asacker (titulados “A brand is not a separate thing” y “The answers are not here”). Creo que en ellos se exponen dos ideas relacionadas, sencillas pero muy útiles para todos los que estamos en esto de crear marca personal e impulsar una carrera profesional apoyándonos en la generación de contenidos para la red y en el aprendizaje continuo. Las ideas son las siguientes:

  • Para describir a una marca (lo que es), debemos definir su comportamiento (lo que hace) en relación con su público y con el comportamiento de éste. Una marca es, por tanto, un sistema interdependiente de comportamiento y no una entidad aparte, y nunca llega a saber realmente “lo que es” si no conoce bien a su cliente. Por eso, las marcas inteligentes se centran en estrechar lazos con su público y no en producir contenido de un modo independiente y unidireccional. Moraleja: si estás en el proceso de crear tu marca personal, piensa quienes son tus clientes y si tus actividades diarias están sirviendo para darles apoyo o sólo añadiendo más ruido al gallinero.
  • Aunque en el momento actual parece que cualquier cosa que necesitemos saber está en la red, no todo se puede aprender leyendo libros y blogs.  Nadie se posiciona en un mercado simplemente devorando información sino que es necesario lanzarse a interactuar y a compartir con la gente a la que uno está intentando atraer y servir. Moraleja: el verdadero aprendizaje está en la relación directa con tus clientes, mediante la cual puedes llegar a comprenderlos y a empatizar con sus sentimientos y necesidades.

En definitiva: empeñados en construir una identidad sólida, a veces caemos en el error de pensar demasiado en nosotros o en la imagen que proyectamos cuando el personal branding no es un ejercicio de ombliguismo sino todo lo contrario. Creo que es acertado pensar que toda marca debe construirse desde la relación y sobre el andamiaje de una vocación de servicio, ese “acto original de amor” del que tanto habla el amigo y especialista en branding Giuseppe Cavallo.

Aunque creas tener muy trabajado el discurso acerca de quién eres o qué haces, aunque tengas un blog fantástico, mil perfiles estupendos en la red y te dediques a llenar el ciberespacio de contenidos que demuestran lo leído que estás, nunca vas a poder construir una marca personal sólida si no:

  • Defines claramente quienes van a ser tus clientes.
  • Te lanzas a interactuar con ellos.
  • Comprendes sus necesidades.
  • Les aportas valor.

Y muy importante (en serio, creo que a veces se nos olvida reflexionarlo…)

  • Estás realmente convencido de querer ofrecerles un servicio.

¿Qué os parece? Yo sólo puedo decir una cosa: ¡En eso estamos!

Foto, bajo licencia Creative Commons: galería de Rachael Voorhees en Flickr.

Publi de pueblo

Cuando en 2009 la agencia Shackleton se planteó el  reto de hacer ganar notoriedad a un producto poco conocido mediante una campaña emitida exclusivamente a través de canales de televisión temáticos, escogió a un pueblo, Miravete de la Sierra (Teruel), como Conejillo de Indias.

Por algún motivo, a los creativos de la agencia se les ocurrió que la pequeña localidad turolense era el mejor exponente de “lo desconocido” y,  suponiéndole una cotidianeidad casi-rulfiana, la re-bautizaron para su campaña como “El pueblo en el que nunca pasa nada”.

En 2012 fue la agencia Sra.Rushmore la que se echó al monte y produjo para Aquarius la campaña “Pueblos”, que pretendía revitalizar el turismo rural poniendo en contacto a urbanitas sin pueblo al que ir de vacaciones con municipios de menos de 2.500 habitantes.

Y como ya llevábamos un tiempo sin operaciones de rescate, este 2013 McCann ha lanzado la campaña “A tomar Fanta”, con la que quiere “llevar la alegría” al pueblo chileno de “Los muermos”, y DDB también se apunta al carro con una acción para Frigo que aspira a convertir a la localidad de “Triste”, en Huesca, en “Alegre” por un día.

Supongo que esta especie de locura publicitaria con los pueblos tiene que ver con el lugar que éstos ocupan en el imaginario de los creativos de las agencias y en el de los targets a los que van dirigidas las campañas (el ámbito rural como “lo desconocido”, como lugar “en el que nunca pasa nada”, como escenario desolado de una no-sociedad desconcertante, destino lúdico-moral de los esfuerzos de una clase creativa urbana que, en nombre de la joie de vivre millenial y la híper-conectividad 2.0, está llamada a hacer llegar su algarabía chispeante a un universo urgentemente necesitado de estímulos).

Y esa suerte de Mr.Marshallismo post-publicitario recurrente me hace además pensar en la repetición de argumentos en la publicidad, que en el momento en que dispone de más herramientas para construir sus historias se vuelve extrañamente reiterativa y auto-referencial.

Llamadme rancio, pero yo creo que quizás los pueblos no necesiten a la publicidad.

Y que, probablemente, la publicidad ya no necesite más pueblos.

El tocino y la velocidad

El cliente quiere un video para promocionar su gran evento anual.

Algo moderno, rompedor. No como el que del año pasado, que era un coñazo.

Lo vemos. Nos preguntan qué opinamos. Efectivamente, es un coñazo.

“Le sobran dos minutos”, dice Max.

“Le falta una historia”, digo yo.

“Totalmente de acuerdo”, dice el cliente.

Por supuesto, ellos ya lo habían pensado. Y tienen una idea.  Mierda. Leer Más

A %d blogueros les gusta esto: