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¿Por qué no siempre funciona el Brainstorming?

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Creo que todos nos hemos encontrado alguna vez en una situación similar en el trabajo: de repente ha sido necesario innovar y nos hemos reunido en una sala junto a otra gente para intentar generar el mayor número de ideas posible sobre un determinado tema.

No tiene nada de malo, al fin y al cabo el Brainstorming o “Lluvia de ideas” lleva más de medio siglo siendo el estándar en lo que se refiere a técnicas creativas. Una presuposición asociada a ese método nos dice que la liturgia de la reunión es la que marca los límites de nuestro momento creativo y que en función del volumen de ideas que seamos capaz de formular en el marco de ese encuentro tendremos más o menos números de dar con la mejor solución a nuestro problema.

Muchos libros sobre creatividad e innovación se centran en este sistema. Y sin embargo la experiencia nos dice que de muchas de esas sesiones no acostumbra a salir nada de provecho. Si el Brainstorming es el estándar de creatividad desde hace más de cincuenta años…¿Por qué a nosotros muchas veces no nos funciona?

¿Cuál es el problema del Brainstorming?

Cada vez hay más voces que desmitifican la técnica de la “Lluvia de ideas”. Es el caso del experto en creatividad David Burkus, que explica que el problema del Brainstorming radica en que solemos entenderlo como un acontecimiento aislado para generar ideas, cuando en realidad la creatividad es un proceso más amplio que comprende varias fases.

Muchos estudiosos han intentado describir ese proceso. El psicólogo croata Mihaly Csikszentmihalyi vio en él 5 estadios: preparación, incubación, revelación, evaluación y elaboración. Su alumno Keith Sawyer, un moderno gurú del tema, ha “estirado” la teoría de Csikszentmihalyi hasta describir 8 estadios:

  1. Definición del problema.
  2. Búsqueda de conocimiento relevante sobre el área a tratar.
  3. Búsqueda de información de otros ámbitos que esté potencialmente relacionada con el área.
  4. Periodo de incubación.
  5. Generación de gran número de ideas.
  6. Combinación libre de esas ideas.
  7. Selección de las mejores ideas.
  8. Implementación de la idea.

Estos enfoques no invalidan al Brainstorming como técnica creativa, simplemente lo recontextualizan y reconocen su enorme potencial siempre y cuando se realice como parte de un proceso similar al descrito por Sawyer (en ese contexto sería un método que podría usarse en los pasos 5 y 6).

Dicho de otro modo: cada vez que necesitemos generar innovación quizás estaría bien tener en cuenta que sin preocuparnos por conocer a fondo el problema es difícil dar con ideas interesantes y evaluar su potencial. Y que sin permitirnos “pausas creativas” nuestro cerebro es incapaz de digerir ese conocimiento para producir una conexión inconsciente de ideas. Sólo cuando esas conexiones estén listas para producirse valdrá la pena encerrarse en una sala para la sesión de Brainstorming.

No importa si consideramos que el camino de la innovación pasa por 5, 8 o 20 fases. Lo importante es entender que se trata de un proceso.

Y que el Brainstorming debería estar implícito en una estrategia más amplia y a largo plazo donde la generación de ideas y la creatividad fueran parte del día a día.

La “Lluvia de ideas” sigue siendo un sistema útil pero, si de verdad queremos innovar, no debe convertirse nunca en el principio y final de nuestro proceso creativo.

FOTO, BAJO LICENCIA CREATIVE COMMONS, DE LA GALERÍA DE FLICKER DE MARCOS C.

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