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Una creatividad empática

creatividad empática

Hace unos días que he acabado un proyecto de los que ponen a prueba los nervios de todo un equipo.

Uno de esos trabajos en los que cliente, después de aprobar tu propuesta, va dando su visto bueno hasta que, cuando la cosa ya está suficientemente avanzada… ¡Zas! Decide romperte la cintura y empieza pedir cambios y más cambios hasta el último minuto.

Uno de esos encargos en que tienes la sensación de que el producto va perdiendo consistencia a medida que el errático punto de vista del cliente se va mezclando cada vez más y a duras penas con ese enfoque tan sólido y estupendo que creías haberle dado al asunto.

Que terminan transformándose en una carrera a contrarreloj en la que es fácil sentir desazón y cuestionarte por qué demonios te dedicas a esto del audiovisual.

Sé que hay clientes más o menos “hueso” y también relaciones profesionales mejor o peor construidas.

Sé que no todo ocurre por nuestra culpa.

Pero en todo caso el hecho de que se trate de una situación habitual en mi vida profesional y de que al final yo sólo pueda controlar (más o menos) lo que ocurre en mi cabeza y con suerte en la de (algunos) miembros de mi equipo me hace sentir que es necesito dejar de maldecir al universo pensando en el porqué y ponerme a buscar una manera de gestionar esas situaciones de la mejor manera.

En ese sentido, reconozco que soy de los que he tardado en darse cuenta de por donde podían ir los tiros.

He pecado de cierta inmadurez respecto a la verdadera naturaleza de mi oficio, seguramente porque el tipo de trabajos que he realizado en el pasado me permitían tomarme muchas más libertades creativas (en algunos momentos creo que incluso más de las que eran beneficiosas para el propio producto).

También, por qué no reconocerlo, por cierta vanidad que nos puede a muchos de los que nos dedicamos a esto de las tareas supuestamente creativas (el problema no es que seamos creativos, sino que nos creemos que realmente lo somos…).

Pero ahora que me tengo que ceñir más al guión – cosa que me parece fantástica ya que eso está supuestamente en la esencia de mi oficio – siento cada vez más que la única manera de no hacerse pupa con esto de la relación con el cliente es currarse la empatía y cambiar la percepción que uno tiene de su cual es la función de su trabajo.

Dejar de centrar la automotivación en la creación de “bellos artefactos” y empezar a revisar en qué estado se encuentra nuestra vocación de servicio, si es que en algún momento la tuvimos.

Estar dispuestos a ceder el control, teniendo claro que nuestro trabajo no es sólo nuestro sino que está llamado a ser una síntesis creativa de dos perspectivas (como mínimo).

Y atreverse a desarrollar una suerte de “creatividad empática”, que sería algo así como la habilidad de anticipar lo que un cliente realmente necesita y priorizarlo, apartándonos del camino, para poder aportarle un valor real desde las primeras fases de un proyecto, aunque eso esté lejos de nuestros estándares personales o de la mejor de nuestras ideas.

No trabajamos para crear piezas para un portfolio sino para ayudar a personas a resolver sus problemas usando nuestras habilidades y conocimientos.

Y eso, cuando sale bien, es más que suficiente.

(Foto con licencia CC de la galería de Flicker de Quinn Dombrowski)

5 comentarios Escribe un comentario
  1. miquel montfort #

    Bien, Manel, bien. Tarde o temprano nos hacemos mayores. Y humildes, y prácticos. Lo contrario, además de inútil, no da dinero, ni descanso. Congrats, vivirás ejor y serás más feliz!!

    13 julio, 2015
    • Eso espero, Miquel, si consigo aplicarme el cuento de verdad. El post es un masajito que me doy a ver si se me quita la tontería de una puñetera vez y el “arte” lo dejo para los ratos libres…Espero que funcione.😉 ¡Gracias por el comentario!

      13 julio, 2015
  2. “Arte” y creatividad, sí, pero al servicio de. Si no, es onanismo. Y el onanismo, para los ratos libres, como dices. Gracias por confortarnos.

    13 julio, 2015
    • Sí…Yo cada vez más creo que el arte verdadero es entender para qué trabajamos al final…🙂 ¡Gracias por el comentario!

      13 julio, 2015

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  1. El briefing como oportunidad (otro post naïf desde las antípodas de Madison Ave.) | NIONNIOFF · Un blog de Manel Alcalde

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