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Sólo crearse

Ise 2

Cuenta Clay Shirky en su libro “Here comes everybody” la historia del santuario Ise, un templo japonés de madera que los monjes destruyen y vuelven a reconstruir cada 20 años usando siempre troncos del mismo bosque.

El proceso viene repitiéndose desde hace 1.300 años. Ya lo han reconstruido 62 veces. La última, este año.

Los japoneses consideran al templo Ise un edificio milenario. Pese a todo, la UNESCO nunca ha querido otorgarle el estatus de patrimonio de la humanidad. Cualquier iglesia en ruinas puede ser declarada como tal mientras que un templo en uso que se renueva cada dos décadas no tiene la suficiente categoría para ello. El criterio que aplica la UNESCO tiene en cuenta la solidez, nunca el proceso.

El templo Ise no encaja en su ideal.

NO SÉ VOSOTROS, PERO YO NO SOY DE PIEDRA

En nuestra vida cotidiana, muchos de nosotros compartimos criterio con la UNESCO.

No en vano, la adoración de lo sólido y perdurable está en nuestro ADN cultural. Nos han educado para “llegar a ser”, no para “ser y punto”.

De ahí que uno pueda pasarse la vida buscándose, como si en algún lugar secreto, recóndito, fuera a encontrar un alter ego pétreo, intemporal y sabio, que tuviera la respuesta para la pregunta del millón: “¿Quién soy yo?”.

De ahí que muchas empresas estén encalladas, intentando encontrar en el mundo de las ideas una nueva identidad para un escenario caótico en el que lo de toda la vida ya no funciona.

De ahí que podamos ir tirando, día tras día, sin atender a las necesidades del presente. Sin contemplar las oportunidades que van apareciendo. Pasándolo mal.

Todas las épocas han sido épocas de incertidumbre. Desde que el mundo es mundo, la vida se ha creado a cada instante. Algunas tradiciones lo tienen muy presente. Los japoneses, por ejemplo, veneran la impermanencia. Con su celebración del Hanami y con rituales tan poco económicos como la reconstrucción infinita del templo Ise.

Y saben que, muy probablemente, no es posible encontrarse. Saben que sólo es posible crearse. Y volverse a crear, todas las veces que sea necesario.

Photo credit: CC Farmer vía Photopin CC

5 comentarios Escribe un comentario
  1. Grande, Manel. Gracias.

    Hace no mucho vi un documental en Tv (no recuerdo el canal) sobre este templo. No era monográfico y trataba otros templos japoneses y asuntos diversos, pero flipé, del mismo modo que no flipo ni me extraña nada lo que comentas sobre UNESCO. El inmovilismo de ese organismo es solo comparable a la grandeza del gesto de los monjes/comunidad afín al santuario. De valor inversamente proporcional, claro. No creo que UNESCO tenga un ideal. De hecho, con que tenga trabajo que hacer y lo haga, sería más que suficiente. Es lo que tiene el mundo mundial, que, al final, se decide y se manda de acuerdo con intereses no precisamente culturales, no precisamente intangibles, más bien inanimados, o sea, faltos de alma. Lo que cuesta trabajo y dinero voluntaria y desinteresadamente invertidos no es cultura. ¿A quién se le ocurre? UNESCO no tiene ideales, salvo una ideal gestión de su presupuesto y una lista de ideales con los que comunicar con la audiencia. De hecho, nadie que maneje dinero y esfuerzo de otros tiene ningún tipo de ideal. Con ser “neutrales” ya cumplen el expediente. No pretenderás que encima se mojen por cualquier cualidad humana… Si es que somos de un inocente que damos pena.

    Yo, como tu, no soy de piedra. Prefiero ser de madera, como Pinocho. Primero mentía, pero después aprendió la lección. De madera es de lo que están hechas las guitarras (y otras cosas), que envejecen con nosotros, o encontramos ya envejecidas por la vida y las manos de otros. Es decir, que son el testigo “vivo” de la humanidad en su más noble expresión, dinámica, vivida, gastada, puede que reseca, puede que astillada.

    Coincido con tu apreciación de la cultura japonesa (es decir, de “esa” parte de ella).
    No coincido en cambio con tu bienintencionado y certero análisis del papel de las empresas y de su estado de encallamiento. Si nuestro escenario hoy es caótico, se lo debemos a “las empresas”. Para mi, lo ideal sería que murieran solitas sumidas en su propia ineptitud malsana. Y no que se salven por las sanas ideas y ocurrentes alternativas de personas inteligentes, sensibles y respetables como tu. Pero como ya sé que te dedicas al marketing, pues no sigo por ahí.

    Un gran abrazo y, ya sabes, cuenta conmigo para re-crearnos todas las veces que haga falta.

    Miquel Montfort

    16 septiembre, 2013
    • Gracias por el comentario, Miquel, y gracias también por seguir el blog.

      Nada que decir del tema UNESCO. Creo que has escrito la perfecta cara B para mi single. Un tema más enérgico, menos armónico pero con mucha más verdad. Gracias por el contrapunto.

      Respecto a las empresas…En general, no creas que tengo una gran simpatía por el mundo corporativo. Durante mis años como asalariado (tú sabes donde) tuve muchas ocasiones de ser testigo de la ineptitud malsana de la que hablas. Y de algunos episodios surrealistas, dignos del peor culebrón pero sin pizca de gracia, por haber de por medio mucha pasta y más mala leche. Precisamente hoy mismo estoy arrepintiéndome de haber colaborado recientemente con una empresa, no sé si inepta pero si poco de fiar y no demasiado educada. No obstante, hay en mi una parte naïf que se resiste a pensar que las cosas “tienen” que ser así. Y no puedo evitar pensar también en algunos conocidos, pequeños empresarios que están despistadísimos, intentando salir adelante sin ver que quizás se estén aferrando demasiado a esa “identidad pétrea” que impide el cambio que necesitan ahora (y eso último es sólo una opinión, of course).

      Agradezco el matiz respecto a la cultura japonesa. Estuve a punto de incluir una nota al respecto en el post pero no lo hice porque me interesa ser lo más escueto posible y centrar el tema al máximo. “Esa” parte de su cultura que coincidimos en apreciar está bien. Es otros aspectos, creo que la japonesa esa una sociedad muy enferma.

      Y en cuanto a las guitarras, es cierto que son testigo vivo del devenir. Lástima que no puedan hablarnos para poner las cosas en su sitio de vez en cuando (miento: sí nos hablan. Pero hace falta prestarles atención, perder un momento observando, tocando las marcas que el tiempo ha dejado en su madera y eso – perder momentos – es algo que desgraciadamente hacemos cada vez menos). Yo, que tengo lo de la percepción temporal algo tocada y recuerdo mis días de frenesí rockero como algo que pasó anteayer, me di un baño de realidad hace poco, cuando se me ocurrió – cosas de la crisis de los 40 – consultar en la red la edad de mi primera guitarra decente, una Les Paul Studio nueva de trinca que compré después de pasarme un verano montando comederos para conejos y que sigue a mi lado, con algún que otro rasguño but still rockin´. Esta es la respuesta que me dió la web del Guitar Dater Project:

      “Your guitar was made at the
      Nashville Plant, TN, USA
      August 23rd, 1991
      Production Number: 16”

      22 añacos. Toma actualización de cartilla.😉

      Un abrazo,

      Manel

      17 septiembre, 2013
      • Manel, company, estaba seguro que tu respuesta estaría estupenda y en esta línea.

        Bien por defender/alentar a las pequeñas desorientadas empresas. Yo vivo en una de ellas, y también me siento reflejado. Si encima conservas una Les Paul Studio de 22 añacos, entonces ya no tengo palabras.

        Please, sigamos perdiendo el tiempo, o dejaremos de ser quienes somos. O dejaremos de ser, puede.

        Abrazaco,

        Miquel Mix

        17 septiembre, 2013
  2. Hat #

    Hola tronco (creo que puede ser un saludo adecuado en el templo revisited).
    Gracias por la iluminación que significa tu post, como siempre. Estas lucecitas de contenido, consumidas periódicamente, aunque sea en diferido (días después de ser escritas), ayudan a oxigenarse.
    ¿Las empresas? Al final las hacemos los que trabajamos en, para o por ellas, así que culpémoslas, pero sitamos también algo de esa culpa sobre nuestras espaldas, bolis, documentos de word, power points o lo que sea que les ofrezcamos a cambio de unas monedas para sufragar nuestros gastos, necesarios e innecesarios.
    Sobre la UNESCO, como me pasa tantas veces con tantos temas, no tengo una opinión formada. Por lo que dices, no parecen muy lúcidos.
    Mi acústica Montana negra debe tener más o menos esos años (más de 20) y la pobre, afinada pero desbancada por una adquisición más reciente, conserva esa altura desmesuradamente incómoda entre cuerdas y mástil, que la hace única.

    “Fa vint anys que tinc vint anys” es una frase que a los que rondamos los 40 nos toca empezar a decir… los del templo no se lo pueden permitir, o sí, pero de otro modo, más recurrente.

    Gracias gurú
    Hat

    23 septiembre, 2013
    • Gracias por el comentario, Hat.

      Respecto a “las empresas”, no era mi intención en el post culparlas de nada sino dar mi opinión acerca de por qué algunas pueden estar pasando un momento de cierto despiste y ansiedad. Todos estamos metidos en la rueda, por supuesto.

      Sobre la Unesco yo tampoco tenía una opinión formada hasta que leí la anécdota del templo. No creo que mucha gente la tenga, pese a que la organización maneja un presupuesto de chorrocientos millones de dólares aportados por los estados, osease, por nosotros. Ala, venga, a darse dos latigazos más, que ahí también estamos en la rueda.

      Cuando quieras nos hacemos una jam gerontológica con las dos abuelas de seis cuerdas. Una versión prog-metal de “Fa vint anys que tinc vint anys” estaría bien.

      Salud!

      Manel

      23 septiembre, 2013

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