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El lagarto que se comió tu creatividad (parte 1)

Hace mucho que no posteo en el blog y desde la última vez han pasado algunas cosas importantes en mi vida. Por eso me tomo la libertad de escribir un artículo un poco más largo de lo que es habitual. Muy poco web-friendly, vamos. Va sobre traslados, gurús del marketing y lagartos. Y tiene segunda parte. Menuda ensalada, ¿no?

Ya está: ¡Lo hemos hecho!

Nos hemos trasladado. Hemos dejado nuestro piso de Barcelona y nos hemos mudado a un pueblo, a 45 kilómetros de la ciudad. Han sido dos semanas de mucho estrés y, aparte de las tareas y los nervios típicos de una mudanza cualquiera, reconozco que he experimentado cierto vértigo ante lo que de entrada parece, más que un simple cambio de casa, “todo un cambio de vida”. Sí… Durante estos días ha habido muchos momentos de duda y cierto canguelo. Tengo un jardín fantástico al pie de las montañas pero…¿Qué demonios hago aquí?, me he preguntado. ¿Porqué he tenido que dejar la ciudad si aquello ya lo conocía y aquí no tengo nada ni a nadie? ¿Cómo afectará este movimiento a mi (ya incierto) futuro profesional? ¿Me adaptaré a este nuevo entorno? ¿Podré cortar el cordón umbilical con Barcelona? Y hablando de cortar…¿Alguien sabe cómo diantres se corta el césped?

 Caos, pintura plástica y cajas de cartón

Uno de estos días, mientras maldecía al universo por llenarme la vida de caos, pintura plástica y cajas de cartón, me acordé del libro de Seth Godin ¿Eres imprescindible? y de su capítulo sobre la resistencia al cambio (o a la actividad productiva). Entre duda y duda, maldición y maldición, una pizca de lucidez (deben ser los aires silvestres) me permitió recordar ese libro y entender que el proceso de “re-ubicación geográfica” por el que estoy pasando es todo un caramelo para mi instinto de supervivencia, que se ha puesto a trabajar a destajo intentado cargarse mis ilusiones en pro de un escenario “más seguro” (eso que llamamos “lo malo conocido”). “Es lo que suele hacer cuando se siente amenazado – pensé- o sea que no pasa nada, sólo soy un tipo normal que acaba de salir de su zona de confort y ahora no sabe donde está la llave de paso del gas, ni el bazar de los chinos ni el ambulatorio. Uf”. Entonces abrí otra caja y encontré más peluches.

El lagarto conservador

Pongámonos serios: esa resistencia instintiva al cambio es la causa de que no llevemos a término muchos de nuestros proyectos y de que nuestra creatividad no dé frutos, estemos hablando de una obra artística, de un proyecto profesional o de una mudanza al campo. En general, el cerebro reptiliano (la parte aguafiestas de nuestra mente, situada en el sistema límbico) se escandaliza y reacciona ante aquellos planes que no tienen un mapa claro, ni están bajo la supervisión ni el control de nadie y en los que las motivaciones y los plazos tenemos que marcarlos nosotros mismos. Esos planes están diseñados por el Neocórtex, que es una parte del cerebro muy emprendedora, moderna y progre que piensa que mudarse al campo te da una vida mejor llena de salud, jardinería y pajaritos.

Pero aunque el Neocórtex tenga muy buenas ideas, poco puede hacer contra la experiencia y la  fuerza del cerebro reptiliano, que lleva millones de años asegurando la supervivencia de la humanidad y no está para mudanzas: es el que te dice que si te mudas al campo estás acabado. Que no vas a volver a trabajar en tu vida y a lo mejor hasta te come un oso. Eso si no te atropella una segadora asesina desbocada.

Seducir al reptil

Cuando nuestras necesidades básicas se ven comprometidas, el lagarto se pone en marcha para mantenernos seguros. Inmóviles. Vaya a ser que nos equivoquemos, por Dios. Puede ser que eso te haga replantearte una idea como marcharte a vivir fuera de la ciudad. Y es exactamente lo mismo que causa el mal rato que pasamos ante un folio en blanco o el vértigo y la parálisis que sentimos ante el comienzo de un proyecto personal sin garantías de éxito. Cualquier iniciativa creativa que surja de nosotros, bajo nuestra plena responsabilidad, va a encontrarse con el juicio de nuestra parte reptiliana. Es complicado ganarle la partida. De echo, en situaciones de alerta, siempre va a salir victoriosa. “El reto” – dice Godin – es crear un entorno en el que el lagarto se mantenga aletargado”. Aprender a seducir al reptil es la única manera de desarrollar nuestra parte creativa e ir hacia adelante con nuestros proyectos personales, esos en lo que no hay jefe ni fecha de entrega impuesta. En el próximo post veremos algunos de los métodos para camelarnos al Tea Party del sistema límbico.

Y a mi, ahora…¡Me toca sobrevivir al ataque de los osos!

Crédito foto, con licencia CC: Bolt of blue. 

6 comentarios Escribe un comentario
  1. ¡Muy chulo! Ansioso por leer cómo se seduce al lagarto

    14 mayo, 2012
    • Gracias, en breve publicaré las estrategias de seducción. No va a ser del nivel de “Las amistades peligrosas” pero no estará mal, creo…;-) ¡Salud!

      14 mayo, 2012
  2. Sigue con la historia. A ver qué encuentras en las cajas…Y que no te coma el osito.

    14 mayo, 2012
    • Eso, a ver si sobrevivo….;-) Un beso!

      14 mayo, 2012
  3. jorge #

    A propòsito del reptiliano, límbico y neocórtex hace poco experimenté una sesión de Wingwave con una amiga psicoterapeuta. Curioso, muy curioso. Se trata de una técnica de coaching innovadora, y aunque al día siguiente tuve una migraña de morirme, puedo certificar que funciona. Como quien lleva el ordenador al informático para que le corrija los archivos de la memoria, pretende fijar emociones en nuestro límbico que no se acabaron de procesar de forma correcta en su día.
    Y sí, detrás de todo cambio: conflictos, detrás de todo conflicto: cambios. El cambio es vida. La vida es cambio. El lagarto, siempre presente. Mi lagarto, muy muy presente. Espero poder seducirlo y llevar a cabo el cambio que hace tiempo me propongo, pero joder, qué puñetero el p… lagarto. Espero también ansioso la segunda parte.

    Un abrazo

    14 mayo, 2012
    • ¡Gracias por el comentario, Jorge! La verdad es que no conozco el Wingwave, pero si el coaching “a secas” y la PNL (“el coaching en acción”, dicen), y creo que ambas disciplinas ofrecen buenas herramientas para gestionar esas etapas de “lagarto desbocado”. No sólo eso, sino que en realidad estimulan el cambio, ya que nos ayudan a superar creencias limitadoras y a marcarnos objetivos claros. Estoy contigo: cambio y conflicto van de la mano, y el reptiliano siempre a la vera, como un guardián en la sombra, cuidando de que no nos atrevamos a dar demasiados pasos adelante. Camelárselo es muy difícil, pero merece la pena seguir intentándolo si queremos sacarle jugo a la vida. Ojo, no doy lecciones: te lo dice uno que no se lo quita de encima ni a tiros. ¡Un abrazo!

      14 mayo, 2012

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