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Redes corporativas: entre la colaboración y el control

Hace un par de años, sin conocer el mundo 2.0 y viendo los recelos que tenía la compañía para la que yo trabajaba hacia el uso que hacíamos los trabajadores de herramientas como Facebook o Spotify, se me ocurrió comentarle a un buen amigo qué pensaría él de crear una “red social interna” para empresas. Recuerdo que oí un “bufff” al otro lado de la línea, luego un largo silencio y después algo así como “tío, eso es un poco nazi, ¿no?”. Él, que trabaja como creativo en un departamento de comunicación y no podía en aquel momento acceder a blogs ni videos de Youtube,  quería que le abrieran las puertas, no que se las cambiaran por otras. Yo, por mi parte, estaba a punto de quedarme sin empleo y atravesaba la típica fase “tengo una idea peregrina de negocio cada vez que hago una pausa para tomarme un café”. Y entonces tomaba mucho café. Pero esa idea en concreto no era tan peregrina.

Dos años después, ya fuera de esa compañía y más metido en el tema de la comunicación digital, asistí al evento AERCOMPARTE organizado por AERCO (Asociación Española de Responsables de Comunidad) en el Cibernarium de Barcelona. Y en  ese evento descubrí que una empresa española llamada Zyncro estaba ya ofreciendo ese producto, y que les iba de maravilla (tenían clientes tan importantes como La Caixa y estaban a punto de aterrizar en China).  Su CEO, Lluís Font, era uno de los participantes de la mesa redonda “Guerra de redes”, que no fue una guerra pero si puso de manifiesto los diferentes puntos de vista que existen sobre la cuestión del papel que las redes sociales deben jugar en el mundo de la empresa (básicamente, el debate se centra en el “control” del uso que los empleados hacen de éstas). Obviamente, el representante de Zyncro estaba allí para defender la implantación de redes corporativas. Su argumento: estas redes facilitan la colaboración y promueven el intercambio de información entre empleados. Así se vende Zyncro, como una “intranet colaborativa en la nube para mejorar la comunicación y productividad en las empresas”. La premisa, formulada en positivo, suena bien. Y Zyncro tiene incluso la opción de integrar en su software las redes sociales “externas”, así que el producto no se presenta como un ecosistema cerrado y parece servir realmente a ese propósito. No pretendo valorarlo, porque no es lo que me interesa del tema. Lo importante, creo, no es que Zyncro u otras compañías del estilo vendan su servicio en positivo (que al fin y al cabo es como se venden las cosas) sino que muchas empresas no enfocan el tema de las redes sociales de ese modo, es decir, que no las ven como una oportunidad de potenciar una cultura de la información y el intercambio que las ayude a crecer e innovar, sino que las perciben como una amenaza para su seguridad y  su productividad.

Las causas de esa percepción, creo, son básicamente dos: primero, que el tema sigue siendo extraño para muchos. La idea de red social se asocia aún a Facebook y al tipo de interacción que esta red parece promover, y punto. Segundo, que venimos de una determinada cultura empresarial basada en una mirada recelosa hacia el empleado, y que tiene una idea de productividad muy concreta. Como señalaba Enrique Dans en un post sobre el uso corporativo de los lectores RSS, “las empresas que pretenden gestionar maximizando el tiempo que un culo permanece en una silla en lugar del rendimiento o de la calidad en el uso del cerebro no cabe esperar que sean demasiado entusiastas a la hora de aplicar este tipo de herramientas”. Esa cultura empresarial es la que provoca que muchas compañías veten o controlen el acceso a algunas webs o herramientas online, sociales o no (incluso en empresas de comunicación), por motivos de seguridad o productividad. Y me parece que es también la que está provocando que algunas decidan buscar “el camino de en medio” e implanten esas redes sociales internas, herramientas que pueden estar pensadas en positivo, pero que en muchos casos acaban aplicándose en negativo, desde una voluntad de monitorización y control.

En definitiva, creo que estamos en una fase de profundos cambios sociales que ponen en cuestión la mentalidad y el funcionamiento tradicional de algunas organizaciones y que requiere de la revisión de ciertas rigideces. Como apuntó alguien en aquella mesa redonda de AERCOMPARTE, las empresas que tienen miedo al uso que sus trabajadores puedan hacer de las redes sociales, más que pensar que tienen un problema de sistemas informáticos quizás debieran darse cuenta de que lo que tienen es un problema de recursos humanos. El nuevo escenario requiere de un proceso de aprendizaje y casi re-educación, tanto de empresarios como de trabajadores. Unos y otros deben poner de su parte y hacer un esfuerzo de adaptación. Me parece que solo así las redes colaborativas, corporativas o no, servirán a los procesos de trabajo y no a los intereses de control.

(Como Zyncro, muchas compañías están ofreciendo herramientas para implementar redes sociales internas de manera fácil. Yammer, una de las más populares, tiene más de 100.000 clientes a nivel mundial. Algunos son Deloitte, eBay o Fox. Otras similares son SocialText, Socialcast, Teambuzz, Socialwork o Jive. En definitiva, parece que el éxito de este tipo de “redes ad hoc” es una realidad y según un estudio de la empresa de investigación norteamericana Gartner  “en 2014, los servicios de social networking reemplazarán al e-mail como principal vehículo para las relaciones interpersonales del 20% de los usuarios de empresa”).

Foto: Tommy Ironic.

  1. Hat #

    El otro día, en una reunión de trabajo, en una conversación sobre redes sociales, blogs, etc y, en concreto, sobre su uso, control, mapeado, abuso, etc por parte de las empresas y empleados, salió el tema de lo mucho que las empresas estaban haciendo ahora “manuales de uso de las redes sociales” para sus empleados. Yo lo taché de “ambición utópica” (quería decir estúpida, pero soy diplomático hasta lo esdrújulo). He visto uno de esos manuales, de una organización que maneja información a nivel internacional y, la verdad, me pareció muy deficiente, por decirlo de forma académica. Pero el problema, además de hacer mal esos manuales, es de fondo, creo. Ansiar controlar la actividad o la información que circula en por internet, la cree quien la cree, la difunda quien la difunda y la consuma quien la consuma, es querer poner puertas al campo o presas de castor a un torrent-e de información que fluye. Sea Sinde, SOPA, o sea lo que sea, hay que ver el miedo que dan la ignorancia y las cosas que huelen a igual para todos. En fin, lo de las redes internas, si no es una sustitución del resto, lo veo una herramienta de cohesión y dinamismo corporativo, eficaz solo en la medida que el empleado viva su empresa en un sentido amplio, profundo y positivo. Si es para que el empleado olvide que no puede comunicarse con el resto del mundo, me parece, simplemente, un parche que morirá. Bueno y sí, un poco nazi me sigue pareciendo. O un poco japonés. O un poco de fábrica y látigo. Pero, al final, estas cosas, si no son hechas con un objetivo sano, en positivo como tú dices, se vuelven en contra del que las impone. Como dice un compañero de trabajo y amigo “si das cacahuetes, tendrás monos”. Enhorabuena de nuevo por un post muy interesante y gracias por alimentar mi añejo espíritu 1.0. Como siempre, es un placer leerte.

    27 enero, 2012

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