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Breve historia (dolorosa) del branding y la “marca personal”

Leo el libro ilustrado “Horrible Histories: cruel crime and painful punishment, de Terry Deary (si pensáis que es una lectura freak, os diré que lo peor es que: 1.- Lo compré, y 2.- Lo compré en el Museo Vikingo de Dublín, que es el lugar más cool de Europa, pero sólo si eres fan de Manowar, de las hachas y de los tangas de cuero con tachuelas). En fin, por lo que sea leo el libro de marras y descubro que mucho antes de que el mundo se llenara de locales de Starbucks y de consultores-para-todo la palabra branding se usaba en inglés para referirse a la curiosa costumbre de marcar al personal con un hierro al rojo vivo, al estilo ranchero. ¡Ouch!

Esta simpática afición humana, antecedente cafre de la marca personal,  nació en tiempos inmemoriales y, aunque en algunas culturas se trata de un rito de pasaje (por ejemplo, para los visnuistas parece que marcarse como una vaca es la única manera de purificarse y obtener la gracia divina, maldita la gracia), la mayoría de veces ha sido usada para identificar a los esclavos o reprender a los criminales, culpables o inocentes. Y pese a que el método nos pueda parecer un poco bruto, ha existido en prácticamente todas partes y hasta no hace mucho. Hagamos cultura y veamos algunos datos históricos sobre ésta suerte de social branding malentendido:

  • Los romanos marcaban las letras FUG (de fugitivus) en el cuerpo de los esclavos prófugos y si te pillaban robando eran más piadosos y sólo te marcaban con la letra F (de FUR, ”ladrón”). Si por lo que fuese no te pillaban se lo hacían a cualquier otro antes de que se les enfriara el hierro.
  •  Si eras Anabaptista en la Alemania del siglo XVI y tenías la mala suerte de caer en manos de un grupo de católicos-romanos con un mal día, te quemaban una cruz en la frente por no pertenecer a su iglesia y luego ellos se tomaban una cerveza y tu no.
  •  En el siglo XVIII, los británicos, siempre tan espléndidos, marcaban a los prisioneros “de alto rango” con un hierro frío. Probablemente con las iniciales SIR y después de pedir permiso.
  •  Hasta 1832, en Francia se marcaba a los presos o condenados a galeras con las letras GAL y a los condenados a trabajos forzados con las iniciales TF. Eso se hacía en la intimidad. Para llenar las plazas usaban la guillotina, que era mucho más plástica.

Eso era el branding hasta no hace mucho: una lata de trabajo (aunque por lo menos no había que sacarse la carrera de publicidad) y una práctica un tanto silvestre. Aunque en defensa de la especie humana diremos que, por lo menos, históricamente se aprecia una voluntad de no fastidiar en exceso, puesto que por lo general las marcas eran contracciones o incluso logotipos y no textos al estilo “esto te lo quemo en toda la frente por afanar cuarto y mitad de cabrito con nocturnidad y alevosía”. Quién sabe: quizás algún experto “brander” de la corte británica llamara a esta práctica indulgente …”Compassionate naming”.


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