Saltar al contenido.

El lagarto que se comió tu creatividad (2): 10 trucos para vencer a la resistencia

lagartolego

“La única solución es empezar hoy, empezar ahora mismo y cumplir”. Seth Godin

En mi penúltimo post os hablé de nuestro cerebro reptiliano y de cómo su vigilancia limita nuestra capacidad creativa y de cambio, en definitiva, nuestra capacidad de actuar. Ese es un punto que me parece interesante: creatividad y productividad pueden ser términos casi sinónimos si entendemos lo creativo como un “instinto de producción”. Si, dicho se otro modo, entendemos que crear no es sólo tener ideas, sino querer y saber materializarlas.

¿Qué podemos hacer para no quedarnos estancados en la fase conceptual? ¿Qué estrategias podemos seguir para burlar el poder de nuestra parte reptiliana, esa que se empeña en tener encerradas a todas nuestras ideas/acciones en el fondo de un cajón? Ahí van algunos consejos para aumentar esa “creatividad/productividad”, que he recopilado del libro de Seth Godin “¿Eres imprescindible?”, en el que está basada esta serie de artículos:

1. Aprende a perder. Como decíamos en el anterior post sobre el tema, la causa de que el lagarto se empeñe tanto en que no te pongas manos a la obra es que “podrías equivocarte”. El miedo a perder va asociado a que a veces vemos el fracaso como una ”reprimenda”, como una lección que nos dice que “no deberíamos haberlo intentado”. En vez de eso…¿Por qué no aprender a sacar lecturas positivas de nuestros fallos? ¿Por qué no quedarse simplemente con un pensamiento al estilo “la táctica que he usado no ha funcionado” y seguir adelante con más información que antes? Parece un buen enfoque, ¿no? Saber perder es sacar provecho de nuestros errores y caminar hacia el éxito.

2. Quema el sofá. Suena raro (sobretodo ahora, que te has comprado esa chaise longue estupenda), pero hay que invertir esfuerzo en ponerse en situaciones incómodas. El lagarto busca tu confort, quiere te ocultes y no hagas ruido. Sin embargo, como dice Godin “la incomodidad nos aporta compromiso y cambio”, y la certidumbre de saber que “estás haciendo algo que otros probablemente no harán, porque están ocupados ocultándose en la zona de comodidad”. En definitiva, hay que aprender a convivir con el mal rollito del lagarto, y a saborearlo pensando que, si sentimos la resistencia, significa que estamos haciendo algo importante.

3. Olvida el “plan B”. Lo de “a falta de pan buenas son tortas” está muy bien pero no sería el mejor estímulo para la acción. Porque cuando tienes un plan alternativo fantástico, puedes acabar conformándote con él. En cierto modo, planear una opción a la idea principal es como planear un sabotaje a tus propósitos y cederle el mando al lagarto, que en algún momento va a susurrarnos al oído: ¿por qué vas a arriesgarte si tienes una alternativa confortable? ¿Por qué vas a decir “lo haré” cuando puedes decir “haré lo que pueda”?

4. Ten malas ideas. Parece fácil, Mr.Bean lo hace constantemente, pero no lo es. De hecho, es algo que no solemos dejar que ocurra: otra vez, el miedo al fracaso nos impide actuar. A la resistencia no le gustan nada las malas ideas, porque nos ponen en un compromiso. Sin embargo, lo de “ser creativo” no es un don, es una práctica que hay que cultivar día a día. Y consiste en tener la disciplina de generar muchas ideas, sabiendo que la mayoría serán malas pero también que ese es el único camino para dar con alguna que valga la pena.

5. No te estanques en el debate y escoge a un responsable. Los grupos también tienen sus mecanismos de resistencia. El “bucle del debate” es uno de ellos: abrir turno de propuestas y darle vueltas a un proyecto sin parar hasta que se ha desdibujado tanto que pierde la consistencia. Por eso, aunque a veces nos parezca restrictivo, vale la pena delimitar muy bien hasta cuando se discuten la ideas iniciales y circunscribir el brainstorming y la implicación de todo el equipo al principio de los proyectos. Luego, mejor que un individuo o pequeño grupo responsable se encargue de debatir y tomar las decisiones.

6. Atrévete a trabajar sin red. Esta va para los que trabajamos en casa y pegados al ordenador. Queremos estar conectados. Queremos que nos valoren. Que no se nos eche de menos. Consultamos Facebook y el e-mail 90 veces, nos dedicamos a leer nuestros feeds de noticias sin parar, a retwittear contenidos que nos parecen interesantes, y…Entramos en un loop altamente improductivo. Como dice Godin, “ser productivo en la lista de tareas de otro no es lo mismo que trazar tu propio mapa”. Tener el hábito de “desconectar” es la única manera de conectarnos con nosotros mismos y trazar ese camino personal. (No obstante, en la red también podemos encontrar algunas herramientas de productividad muy interesantes).

7. Crea espacios. Es otra buena desconexión: la sana costumbre de no hacer nada, de dejar espacio en la jornada para que el neocórtex y sus ideas puedan expresarse. Poniéndonos la presión de estar siempre en varios sitios a la vez (trabajando, estudiando, estableciendo relaciones en redes sociales…) estamos creando una falsa ilusión de actividad y  encarcelando a nuestra capacidad creativa. Como dijo Nietzsche: “Las grandes ideas llegan caminando”.

8. ¡Acelera! Cuando hacemos un sprint, acallamos el diálogo interno y nos concentramos solo en ir lo más rápido que podemos. Además, como los sprints no duran mucho, son muy eficaces: garantizan resultados en poco tiempo. Por eso a veces, para vencer al miedo, lo mejor es echar a correr. ¿Cómo? Por ejemplo, planteándose retos de tiempo. “Tienes 10 minutos para redactar un esbozo de tu próximo artículo”, o “tienes 5 minutos para decidir donde cuelgas ese cuadro” (Ejem…Disculpad, aún estoy bajo el influjo de la mudanza…).

9. Ponte los límites a la vista. Este punto tiene que ver también con los límites. Cuando estamos tirando adelante un proyecto personal, no sólo hay que ponerse una fecha límite sino que (sobretodo si tenemos tendencia a la procrastinación, maldita palabra…), no está de más apuntar esa fecha límite y colgarla en un lugar visible. Parece un método un poco rupestre, pero los recordatorios funcionan. Si no, que se lo digan a Billy Wilder, que en su despacho tenía siempre a la vista un cartel en el que podía leerse “¿Cómo lo haría Lubitsch?”. Tener esa pregunta presente le hizo escribir y rodar un montón de películas geniales.

10. Sé ecológico. OK, muy bien, todos reciclamos y llevamos nuestra bolsa al súper, pero a veces nos olvidamos de nuestra propia ecología personal. Realmente…¿Quién fija nuestros objetivos? ¿Somos nosotros? ¿Lo hacemos de forma genuina o estamos intentando, simplemente, cumplir con una expectativa que viene de “afuera”? Es imprescindible que marquemos nuestras metas según nuestros propios cánones y no según los cánones de otros (sobretodo si esos otros no nos apoyan). Y, muy importante, que esos objetivos estén dentro de nuestras posibilidades. La resistencia estará encantada de que te plantees objetivos inalcanzables, porque si al fin y al cabo es imposible, ¿para qué vas a hacerlo?

Son sólo diez ideas, pero seguro que hay muchas más. Las ideas no se acaban nunca si ponemos las condiciones para que surjan. Aunque luego venga lo complicado: llevarlas a cabo.

Foto, con licencia CC: Meet The Chumbeques

Artículos relacionados en este blog: “El lagarto que se comió tu creatividad” (1)

About these ads
Todavía no hay comentarios

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 42 seguidores

%d personas les gusta esto: